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jueves, 27 de octubre de 2011

Olores que hablan

Olor a papel quemado, a madera fresca, a tierra recién escarbada, y a carbón cuando los demás olores se desvanecen. Este último ha sido el primer olor al abrir la ventana esta mañana, y el que me ha acompañado antes de encerrarme en casa por la tarde.
Salgo del metro y camino con rapidez hacia casa. El aire en días como hoy se hace irrespirable, y aún así alcanzo a distinguir olores que hacen de esos cinco minutos un paseo por los sentidos, y un limitado resumen costumbrista de la ciudad en la que vivo.
Alguien realiza una ofrenda a un lado de la calle, posiblemente a algún ancestro, o no tan ancestro: papel quemado.
Hace no más de dos semanas que una pequeña casa se encuentra en construcción en el hutong entre Wudaoying y Yongkang. Los marcos de la puerta y la ventana ya están montados pero aún sin pintar: madera fresca.
Cuando el invierno acecha, la ciudad se deshace de su verdor. Sin esperar a que las temperaturas acaben con la vida de cuanto puebla los parterres, los arbustos se cubren, y el césped se desplanta: tierra recién escarbada.
Como he dicho, el otoño ha pasado a mejor vida y el calor se hace querer: carbón.

domingo, 1 de mayo de 2011

Cristina… Chūnlán… Gé Lì

Cuando tienes nombre de aire acondicionado, cualquier encuentro casual deriva en situación cómica en menos tiempo del esperado.

Para los que aún no me conocéis, para los que acabáis de hacerlo, o para los que me habéis conocido antes de mi paso por BeiDa, me llamo Cristina, o Chūnlán (春兰), como os resulte más fácil. Probablemente, la barrera idiomática y cultural hará que los dos primeros grupos os quedéis indiferentes, o como mucho, intrigados. Al tercero, el de aquellos que me apreciáis lo suficiente como para estar leyendo esto, quizá os parezca que me he vuelto idiota. Pero aún habrá un cuarto grupo de personas que, con el suficiente conocimiento de China, o incluso de manera más genérica, de Asia, tome con total naturalidad mi dualidad onomástica.

No hace ni medio año que interrogaba a Fenghua, mi compañera de trabajo, sobre cuándo había adoptado el nombre de Joyce, y lo que es aún más importante, sobre cuánto tiempo había tardado en sentirse identificada con él. Ante su respuesta -cinco meses- mi gesto se tornó en estupefacción.

Pero si hoy me encuentro aquí, explicando esta historia, es porque parece ser que con sigilo, y sin dejar de ser Cristina, Chūnlán se ha hecho su huequito en mí. Y ya tiene mérito el asunto, considerando las improvisadas circunstancias en las que fui bautizada.
1 de Septiembre de 2010, día de matrícula en BeiDa, lo que yo conocía hasta el momento como Peking University, o PKU en su defecto. Edificio Shaoyuan 2. Carpeta en mano con todos los documentos necesarios para formalizar mi inscripción: pasaporte, carta de admisión, formulario jw 202 original, seis fotos de tamaño carné, contrato de seguro de vida, certificado de registro de alojamiento en China, y examen médico de la cabeza a los pies incluyendo placa torácica. Quién me iba a decir a mí que con semejante preparación me estaba dejando lo más importante: ¡mi nombre chino! Y como no tenía uno, y la inscripción no parecía ser posible sin él, la responsabilidad recayó sobre la persona que se estaba encargando de mi papeleo que, entre risas mías y prisas suyas, me designó como “orquídea de primavera”.

La Cymbidium goeringii es una orquídea pequeña, epífita o litófita, que prefiere un clima fresco a frío. Originaria de la región del Himalaya, ha sido la especie favorita de la cultura china durante siglos. Debió de ser por ello por lo que en 1985, al adquirir una empresa con intención de expandirla hacia el mercado del aire acondicionado, Tao Jianxing decidió concederle los honores de dotarla con el simbolismo que Chūnlán connota. Ni que decir tiene que yo no fui informada de esta última parte en mi apresurado nombramiento. Hoy creo comprender que las risas que me provocó lo absurdo de la situación debieron antojársele a mi bautista cual soplo de aire fresco, y de ahí mi nombre.

En estos meses, Chūnlán ha suscitado todo tipo de reacciones, comenzando en general por lo altisonante o anticuado del nombre, para acabar con el aire acondicionado. Pero hace solo un par de días, en mi primer encuentro con el dueño de un café recién abierto, algo nuevo e inesperado. ¿Qué te llamas Chunlan? ¡Pues nuestro aire acondicionado es de marca Gé Lì! Quizá yo te pueda llamar así… jajaja…

Una semana después, y tras tres visitas al citado café, puedo decir que no sólo he adoptado nombre chino, sino que ya, ¡incluso apodo!


miércoles, 6 de octubre de 2010

Horas muertas

Mi pequeña cámara me ha traicionado. Acariciando el desierto, allá donde Mongolia Interior se pierde en llanuras inabarcables, le ha entrado el frío y se ha echado a temblar. Así es como me encuentro de nuevo en Yinchuan, ciudad que está lejos de merecer semejante calificativo, haciendo tiempo para coger el tren de regreso a casa.

De la espera en cualquier estación de tren china podría escribirse una tesis. Claro que, por el momento, mi supuesta tesis es todo preguntas, y casi ninguna respuesta. ¿Qué son todas esas cosas con las que acarrean los chinos de acá para allá? Si en los viajes diarios en metro abundan las híper resistentes bolsas de capacidad intransportable, en largos recorridos se suman a ellas cajas sujetas con cintas de colores, maletas de diversos tamaños, bolsas de plástico mal atadas rebosantes de comida, y lo que en mayor medida despierta mi curiosidad: ¡cubos!

Podría pasarme horas observando a la gente. Corrijo. No me queda otra que pasarme horas observando a la gente. No son ni las once. El tren a Pekín sale a las 00:43.

Una chica sale del lavabo secándose la cara con una toalla. Por mi derecha, sonrisa de oreja a oreja, se aproxima un señor que se sienta a mi izquierda. Sin parecer conocer los detalles de la palabra "privacidad", mete las narices entre mi cara y el cuaderno en el que escribo, intentando descubrir qué es lo que me mantiene tan ocupada. En frente un señor toquetea su móvil con la mano derecha al tiempo que la izquierda hace lo suyo con su nariz. Desafiando las leyes de la lógica, una chica se dirige al baño secándose la cara. El señor que se había sentado a mi lado, en respuesta al poco interés que muestro por él, se dirige al niño que tiene a su espalda. Este, viendo peligrar su momento musical privado, hace caso omiso de su intensa mirada.
Tengo ganas de ir al baño, pero el olor furibundo que de él emana me disuade. Por lo pronto, y para no ser víctima de una intoxicación putrefacta, cambio de asiento.

Hay quienes dormitan apoyados de medio lado sobre el asiento; los hay que aprovechan el cariño de su pareja para descansar sobre ellos; otros buscan confort en su propio equipaje para pasar las horas muertas; los que han llegado con tiempo se tienden largos sin vergüenza alguna ocupando hasta cinco asientos. Los menos afortunados, como el hombre que tengo enfrente, se acurrucan intentando apañarse con dos asientos. En cualquier caso, se trata de un hombre pequeño; diminuto más bien. Sonrisa en cara, y con un tomate que deja al descubierto dos de los dedos de su pie izquierdo, su gorro me dice que pertenece a la etnia Hui. Curioso caso el de estos Hui, de aspecto chino, ojos embaucadores de perfilado negro tizón, y costumbres centro-asiáticas. Como ocurre en otros lugares de China, son minoría en su propia tierra, aunque cualquier rótulo -escrito en chino, mongol, y árabe- parezca indicar lo contrario.
Entre tanto, a mis espaldas, un corrillo de mujeres ha dado comienzo a una sesión de baile. Como no podía ser menos, a voz en grito, un hombre se abre paso entre la gente, sin alterar en gran medida el orden preexistente.

De nuevo un olor. Esta vez no resulta desagradable, pero sí fuera de lugar. La pareja que se acaba de sentar a mi derecha se está dando un banquete de carne fría. A estas horas, mi sentido del olfato no logra distinguir de qué se trata exactamente. Tengo que admitir que me está entrando el sueño. Ya sólo queda una hora de espera.



(Entretenimiento transcrito del cuaderno de viajes que me trajo "la Helen" de su viaje a NY en 2008.)

domingo, 5 de septiembre de 2010

La hora de la arenga


- ¡Hola! Quiero siete billetes en cama blanda, de Shanghái a Pekín para el día 22 de Agosto.
- ksadhfvrygbccmvbd
- ¿Cómo que no? ¿No quedan?
- jhfier3bmwdpkcmscn
- Pero si sí que quedan, ¿por qué no puedo comprarlos?
- kewurhfnxsncskdnv
- ¿?

Un mes después, y tras descubrir que los billetes de tren en China se ponen a la venta con solo diez días de antelación respecto de la fecha del viaje, empieza la mañana del 12 de Agosto en Guilin, provincia de Guangxi, y ciudad de poco encanto donde las haya.

Blanca intenta coger un taxi que nos lleve a la estación de tren, mientras yo intento aclararme con la persona que en una hora nos pasará a buscar para llevarnos al campo. Tras conseguir llegar allá, y después de una agonizante espera en una cola de avance relativamente ágil, nos plantamos frente a la ventanilla número seis. Y cuando al fin nos encontramos en mitad de la "negociación" de los dichosos billetes... "¡Ups! Lo siento. Esperen un momento."

Parece ser que da igual el tipo de trabajo del que se trate. Haya cliente de por medio o no, a la hora de la "formación", ¡a formar se ha dicho! Bancos, peluquerías, restaurantes, tiendas, y cualquier otro establecimiento con un pequeño grupo de trabajadores ofrecen al visitante un curioso espectáculo diario. En formación y con el jefecillo a la cabeza, "la hora de la arenga" tiene lugar a lo largo y ancho del país, llenando las ciudades de sonidos repetitivos y de difícil comprensión.

sábado, 10 de julio de 2010

Básicos pekineses

- ¿Dónde estáis?

- En la puerta de la universidad.

- Pero, ¿en cuál? La universidad probablemente tiene como mínimo cuatro puertas.

- Pues no lo sé...

- ¿Norte, sur, este u oeste? ¡Se me acaba el saldo del móvil!

- Ni idea, Cris. ¿Cómo voy a saberlo?

- ¿Es la entrada principal?

- Creo que sí. Hay una verja corredera, que controlan un par de chinos vestidos de militar que están a lado y lado.

- Jajaja. ¿Algún dato revelador más?

- Pues… hay una valla azul. ¡Ah! ¡Y una pasarela! ¡Y en la puerta hay un reloj!

… pi, pi, pi…

Estoy segura de que a muchos no les parecerá particularmente especial esta conversación. No lo suficiente, al menos, como para escribir sobre ella. Además, ¿cómo puedo pretender recibir datos más concretos de mi pobre amigo, recién aterrizado y sin conocimiento alguno de la ciudad o la universidad?

Sin embargo, cualquiera que haya pasado un cierto periodo de tiempo en Pekín, apreciará, sonrisa en cara, la inutilidad de las indicaciones que recibí en ese intenso minuto de conversación.

Empecemos por el lugar que nos concernía: la puerta de la universidad. En China, todo es grande, y las universidades no son menos. En cualquier caso, ¡son más! Si un recinto universitario tiene del orden de un kilómetro de punta a punta, es de esperar que tenga más de una puerta. Lo contrario sería una ratonera. ¿Y cómo saber si estás en la entrada principal? Cómo decirlo… Hay cosas que se saben. La sutileza china no suele dejar lugar a dudas; y si estás en la puerta principal, LO SABES. Ya sea por la abrumadora simetría que se despliega ante ti, el grandioso eje central ajardinado de horizonte difuso, o las moles de edificios que flanquean el mismo, sea la estatua de bronce que preside el lugar, o las banderas que lo institucionalizan… Sea lo que sea, hay algo que te hace sospechar que esa, y no otra, es la entrada principal. Así que, si nada de eso se descubre ante ti, esa, sin lugar a dudas, es una entrada secundaria.

Una vez aclarado el por qué de mi desconcierto en la definición de la entrada, continuemos con el análisis de la conversación.

Hay ciudades en las que es más fácil orientarse que en otras. Las hay que tienen claros referentes, como son mar y montaña en el caso de Barcelona, y otras que, asentadas en el medio de la nada, utilizan referentes universales: los llamados puntos cardinales. Pekín es una de ellas. Y si en una ciudad es fácil orientarse, esa es Pekín. Una ciudad de horizonte inabarcable en la llanura, y en la que contadas avenidas se desvían de los ejes norte-sur, este-oeste, lo pone difícil para perder el rumbo. Y por si el sol -o su borroso resplandor- no fueran suficientes, raro es el lugar en el que no se indique la dirección en la que uno está situado. Desde lo más básico, como son las grandes avenidas o las salidas de metro, hasta los pasillos de un hospital, pasando por las mesas de mahjong, todo en Pekín lleva las marcas de norte, sur, este y oeste. ¡Todo!

Pero continuemos. Lo de la verja corredera con militar a lado y lado, es algo así como no decir nada. Edificios gubernamentales, colegios, complejos de apartamentos, y cualquier otro recinto vallado disponen de la susodicha valla y sus correspondientes peleles destinados a la vigilancia del mismo.

¡Y qué decir de la valla azul! Si existe un “kit básico” en los lugares en construcción en Pekín, ese –y el amarillo de los cascos de los obreros- son los colores de referencia. Un azul ligeramente más cálido que el de la Alta Velocidad en España delimita pequeños solares o abraza infinitos recintos en incontables puntos de la ciudad. Y todos ellos tienen un denominador común: se encuentran en obras. Y como capital de un país en construcción, Pekín es una ciudad en obras.

Por último, la pasarela, sustituto impune del paso de cebra en la ciudad, elemento de incomodidad, y provocador de pereza y juramentos en hebreo. La pasarela en Pekín es un referente... ¡nulo! Parece como si el estatus de una calle y el número de pasarelas fueran en correspondencia, para evidente frustración del peatón.

Y el reloj… ¡Qué decir del reloj! El reloj es lo que debería de haber tenido yo a mano para haber evitado soltar semejante perorata. Mis disculpas.



martes, 29 de junio de 2010

De oca loca y foto porque me toca

En Corea se ven perros en la calle… aunque de vez en cuando caigan al plato.

En Pekín son patos los que suelen frecuentar las cocinas… lo cual no deja para que haya quien saque a su oca a tomar la fresca en una agradable noche de verano.

Paradojas de la vida.

lunes, 29 de marzo de 2010

Negocios en China: Parte I (de tantas)

Cuando crees que ya lo has visto todo, cuando crees que ya pocas cosas te pueden sorprender… Es entonces cuando entras en el mundo de los negocios en China.


Un mundo en el que sobre la mesa de una sala de reuniones, entre papeles y ordenadores, aparecen tres bandejas de usar y tirar con comida a gusto del consumidor. ¿Fuera de lugar? Podría pensarse que eso es precisamente lo que me lleva a escribir hoy, pero incluso eso puedo asimilarlo sin excesiva sorpresa. ¿Comer en una sala de reuniones cuando lo que sobran en la oficina son espacios más apropiados? No, no, lo que ha hecho que mis ojos casi se salieran de sus órbitas no ha sido eso, sino el contexto en el que se ha desarrollado la comida.


Pongámonos en situación. Reunión con los clientes entre las doce y las doce y media de esta mañana. ¡Ya empezamos mal! ¿Quién queda a la hora de la comida si no es para comer? Cinco personas: dos en el lado del cliente, tres por nuestra parte.


Toda una deferencia la suya –he pensado yo- el que, nada más llegar a su despacho, nos hayan ofrecido un menú de entrega a domicilio sobre el que elegir. A mesa puesta tras acabar la reunión; o eso es lo que yo pensaba.


Tres cuartos de hora de airoso debate sobre el proyecto habían pasado cuando hemos topado con una diapositiva de difícil comprensión. Cambio de ritmo en la explicación, palabras medidas al milímetro, y repentinamente el cliente se levanta de su silla. A continuación, su asistente; y acto seguido, mi compañera de trabajo. Los dos primeros salen de la sala; y en ese mismo instante entra otra persona, bolsa en mano. De la bolsa saca tres bandejas, y las distribuye según la comanda. Sin más ni más, empezamos a comer.


Minutos más tarde, tras el tiempo justo para engullir la comida, el cliente y su asistenta reaparecen en escena para retomar la reunión; que se desarrolla sin mayor incidencia.


Tengo que añadir que no han sido las prisas en la comida las que han amenazado con atragantarme en más de una ocasión, sino las carcajadas irreprimibles por lo extraño de la situación.


La reunión, bien; gracias.

domingo, 29 de noviembre de 2009

A tientas

“- Creo que deberíamos de pagar la electricidad.
- ¿Ah si?, ¿y eso?
- Bueno, nuestro contador es el único que está parpadeando, y además los números que aparecen en los contadores de los vecinos son mucho más altos que los nuestros. Digo yo que algo tendrá que ver, ¿no?
- Ahhh… Pues sí, tiene pinta.
- Mañana bajaré a pagar.
- Bueno, o bajo yo.”

… y ahí quedó la cosa.

Dos días más tarde, en mitad de la cena con nuestro primer invitado en casa… ¡puf! Sin previo aviso, nos quedamos a oscuras. Y como ya es de noche y los bancos están cerrados, pues cenita a la luz de las velas y… mañana se verá.

Aunque no sea cuestión del día a día, cosas como estas ocurren en China. La luz, la de nuestra casa, se paga por adelantado. ¿Y por qué la luz, sí; y el gas y el agua, no? ¿Ah?... misterio…

Tres meses, cuatro hogares, cinco mudanzas, otra más de despacho, y ni una respuesta satisfactoria de chino alguno o extranjero. Y lo que es más, el que en nuestra casa el sistema de pago sea así no significa que sea así para todos. No creo andar muy desencaminada si afirmo que las posibles combinaciones son infinitas. Desde tener que pagar todo a posteriori, hasta que cada servicio (separando el agua caliente de la fría, para más inri) vaya asociado a una tarjeta de pago por adelantado, hay todo un abanico de posibilidades.

Y así es como, rodeada de niebla -literal y figurada-, se desarrolla mi día a día en China; envuelta en interrogantes de todo tipo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Flamenquillo fusión

Dos amigas y un agente inmobiliario se encuentran hablando en el rellano frente al ascensor de una casa. Al unísono y sin mediar palabra entre ellos, los tres golpean el suelo con sus respectivos pies, cual si del inicio de un zapateado se tratara.

Opción A: Se trata de una señal de enfado en plena discusión por los precios del alquiler.
Opción B: Están echando a suertes quién baja por las escaleras y quién por el ascensor.
Opción C: Ninguna de las anteriores.

Efectivamente, para los menos avispados, ninguna de las anteriores es la opción correcta.

En China, o mejor dicho, en Pekín, ya que no tengo certeza de que esta broma de mal gusto haya sido extendida por todo el territorio, no se estilan los sensores de movimiento para el encendido automático de luces. En su lugar existen ¡sensores de sonido! ¡Sí señor! El golpe de la puerta de entrada al portal al cerrarse te evita el primer zapatazo, pero no hay elemento natural o sobrenatural que evite los subsiguientes en la subida por las escaleras. Cada rellano requiere un nuevo pisotón. Algunos, incluso varios, ya que parece que no siempre están finos de oído los sensores en cuestión. Cada llegada en la noche a casa se convierte así en una nueva melodía, variando tiempos y tonos según la complexión del intérprete, su conocimiento de la escalera, y el piso al que se dirija.

Sin duda, en cuanto pertenezca definitivamente a una comunidad, propondré a mis vecinos el ir apuntando en partituras las interpretaciones individuales de cada noche, y ponerlas en común cada cierto tiempo para interpretar los zapateaos del portal 4. Ya me estoy imaginando el tablao flamenco en medio del xiaoqu con el evento anunciado a los cuatro vientos: ¡concurso anual de zapateaos! Estoy segura de que con la suficiente práctica, nos haríamos con el triunfo a nivel del distrito de Dongcheng, o del que fuera.

martes, 27 de enero de 2009

Xīn nián kuài lè!

El pasado domingo dediqué buena parte de la tarde a ordenar mi habitación y dejarla pulcra y reluciente. Era la última noche antes de entrar en el año nuevo chino. Un día después, luna nueva. ¿Casualidad o subconsciente? Sea como sea, ¡he cumplido con la tradición!, lo cual me permite albergar grandes esperanzas de este año del buey que acaba de empezar. Más aún cuando el lunes, primer día del 4706, no toqué la escoba para nada. Ni que decir tiene que fue para no barrer mi buena fortuna. ^^


miércoles, 14 de enero de 2009

El Londres esencial o la esencia de Londres

Algo que parece no dejar indiferente a nadie estos días y que por mi parte resulta difícil de responder es “¿Qué es lo que más te ha gustado de Londres?”. Ante una primera actitud de desconcierto, seguida de un breve periodo de reflexión, otro de desordenada interrogación y demasiado rato de introspección, parece ser que cada vez estoy más cerca de la respuesta. Claro que una cosa es que yo haya encontrado la respuesta que considero más acertada y otra muy diferente es la validez que le puedan otorgar a la misma los formuladores de la pregunta en cuestión.

Una ciudad que en 1863 acuñó sin pretenderlo la palabra "Metro" -de Metropolitan Railways- y que aún hoy en día se encuentra a la cabeza del transporte subterráneo en cuanto a la longitud de las líneas se refiere; que en 1908, al tiempo que Hyde Park vivía una concentración a favor del voto femenino, veía nacer el aún hoy vigente logotipo de su famoso “Underground” y sentaba un precedente inigualable en la historia del diseño gráfico con la aparición del primer plano de metro en forma de diagrama lineal; una ciudad que ha tenido el poder de inspirar la aparición de personajes tan dispares como Oliver Twist, Peter Pan, Sherlock Holmes, Henry Higgins, el Profesor Emelius Browne o el mismísimo Phileas Fogg -más conocido para los españoles de los 80 como Willy Fogg-; y que al tiempo que conseguía todo esto ha sido capaz, no sólo de evolucionar, sino de liderar a otros al tiempo que mantenía su esencia… Una ciudad así merece como mínimo que me descubra ante ella.

Y saber que los callejones por los que deambuló James Cook antes de embarcarse hacia las entonces desconocidas islas de Hawai son los mismas que me llevan a mí a la orilla del Támesis; que los edificios que me rodean y que despiertan mis sentidos ya ejercieron su influencia sobre Dickens; y que el Harrod’s por el que paseo ya ocupaba su actual lugar cuando Arthur Conan Doyle creó a su famoso detective… La continua percepción de la historia en una ciudad de vanguardia… ¡Sin duda, eso es lo que me ha cautivado de Londres!

lunes, 12 de enero de 2009

Ovación "made in Spain"

Pocas cosas conservan su sentido cuando se las saca de contexto. Por poner un ejemplo, ¿qué habría ocurrido si en la película “Solo en casa 2” Kevin hubiera tomado un avión de Ryanair rumbo a España en vez de hacerlo hacia NYC? Pues está muy claro; ¡no habría tenido que esperar al bajarse del avión para deducir que se encontraba aquí y no en cualquier otro lugar! ¿Que por qué tanta seguridad en mi afirmación? Pues porque en el momento en el que las ruedas del avión hubieran tomado contacto con tierra habría sido privilegiado espectador de la ovación dedicada al habilidoso piloto por parte de los aliviados pasajeros. Casualidad o no, no es la primera vez que tengo la suerte de presenciar semejante espectáculo. Y para seros sincera, tras un primer momento de vergüenza, seguido por una carcajada irreprimible, lo único que puedo decir es que ha pasado a formar parte de mi lista “cosas que hacer al menos una vez en la vida”. ¡Un aplauso a la frescura “made in Spain”!

Todo sea dicho, el viajar en Ryanair tiene un componente cómico que hace inevitable semejante recibimiento. Y si no, atentos al toque de corneta como punto final a una experiencia única.

Y si habéis sido pacientes como para escuchar las flores que la compañía se lanza a sí misma al terminar el vuelo, seguro que disfrutaréis ahora con este pequeño gag al más puro estilo Ryanair.




viernes, 19 de septiembre de 2008

¿Inspiración o plagio?

Lo he escuchado varias veces y todavía me cuesta creerlo. Llego a estar en un concierto y probablemente habría pensado que eran mi mente o mi oído los que me traicionaban; o incluso, que me había equivocado de grupo. Pero no. Ha sido en casa y me ha dejado de piedra. Lo he escuchado una y otra vez para cerciorarme de que no era una ilusión y mis ojos siguen como platos al ver que es absolutamente real.
Miss Caffeina, grupo del que no tenía noticia hasta el momento, ha sacado nuevo disco y ha decidido ponerlo a disposición gratuita de todos aquellos que quieran escucharlo a través de su página web. Loable iniciativa y razón suficiente como para darles una oportunidad. ¡Quién sabe!; quizá podían darme una sorpresa y convertirse así en mi particular grupo revelación. De lo segundo todavía no estoy segura, pero la sorpresa no se ha hecho esperar ni cuatro minutos.
Aún no había pasado de la primera canción, "Desde dentro", cuando me he descubierto tarareando al ritmo de la música. ¡Imposible! -dirán algunos-, no sin cierta lógica. Si la canción es nueva...
Poco menos que esos quince segundos de canción que inconscientemente he seguido ha tardado mi mente en acudir a "Little Heart Attacks" de "The Sunday Drivers", pero es que la melodía que Miss Cafeina ha "tomado prestada" es bien significativa dentro de la lírica del citado grupo; más aún cuando se ha coreado en dos ocasiones diferentes en sendos conciertos del grupo.
¿Excesiva inspiración? ¿Plagio? Sea lo que sea, y para los curiosos o los incredulos, aquí dejo la referencia de una y otra canción.
"Desde dentro", de Miss Caffeina. Minuto 03:40.
"Little heart Attacks", de The Sunday Drivers. Minuto 04:51.
Y ahora... ¡A jugar a las ocho diferencias!
Yo todavía no acabo de creérmelo.

domingo, 10 de agosto de 2008

Si no es por nuestro taxista, no me entero

Shí… jiǔ… bā… qī… liù… wǔ… sì… sān… èr… yī… ¡líng!

No menos impresionante que la cuenta atrás resultó ser el resto de la ceremonia. Ilimitada, diría yo. En todos los sentidos. Un despliegue técnico y humano sin límites, con precisión milimétrica (incluso en los cortes de pelo de los figurantes) y sincronización militar. Escenas difíciles de describir con palabras, y una preparación previa al evento inabarcable a la imaginación. Al finalizar, ríos de tinta, alabanzas y grandilocuencias para Zhang Yimou, artífice del encumbramiento del reinado chino.

Y tras ese primer acto de deleite de los sentidos, no se hizo esperar lo que se supone es el centro de la ceremonia. Ese momento en el que, quien ha aguantado inmóvil durante una hora frente al televisor escoge como el más apropiado para hacer una pausa; ese en el que bajan las audiencias: el desfile de los participantes. Todo lo anterior solo es una puesta en escena. Todo está cronometrado. Nada escapa a lo previsto. Ahora bien… los atletas pasan a ser centro de atención de algo que no es lo suyo… ¡Prepárense, que empieza la diversión!

Abriendo paso, “la cabeza” de honor, Grecia; a la que siguen Guinea, Guinea Bissau, Turquía, Turkmenistán, Yemen, Maldivas… Sí, sí, han oído ustedes bien. ¿Cuán aburrido y previsible sería empezar por la A y acabar por la Z? Demasiado. La gente haría trampas y calcularía el tiempo restante a la letra de su país. Nada, nada, el que menos palitos tenga en el primer carácter, ¡primero! Y no sé de qué se extrañan; porque el orden de las pasadas olimpiadas no fue menos sorprendente para los desinformados: Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Marino, Angola, Azerbaiyán, Egipto... Y
así hasta Hong Kong. Algo parecido al shock que debieron sufrir nuestras queridas Lola y Mari en su primer asalto a la biblioteca de Hanyang, inconscientes las pobres del lógico orden del ka, na, da, ra, ma… Vaya, ¡una de las múltiples anécdotas que sazonaron la ceremonia!

A lo largo del desfile pudimos ver turbantes en Canadá, ecuatorianos en España, rubios y altos –muy altos- en Islandia, alemanes con balones de waterpolo como sombreros, un abanderado considerablemente voluminoso en Guam, un atasco de caballitos de Polo en las solapas de los americanos, coreanos separados en tiempo y lugar (parodiando su propia realidad), trajes regionales, como los de Burundi, y no tan regionales, pero sí amables con el anfitrión, como los de Suecia; delegaciones de dos personas, ¡arriba Mónaco!, o de más de seiscientas; países conocidos, desconocidos y recién formados para los juegos, como Montenegro. Y en las gradas, mucho calor, como en el foso. Tanto que Hamid Karzai, presidente de Afganistán, dejó por una vez el Qaraqul en casa (absténganse de reír, por favor), para adoptar con agrado el abanico chino.

Y nuevamente, los deportistas relegados a un segundo plano. Al menos, para mí. ¿O es que no os descubristeis en ningún momento con los ojos clavados en la hilera de chinas que durante más de dos horas “bailaron” ininterrumpidamente? ¡Y parece ser que ninguna se desmayó!

Pero si con algo tengo que quedarme, elijo sin duda el ingenio más nimio en lo técnico y más significativo en lo institucional, eso que dio “aire” a toda la gala: la bandera ondeante en lo más alto del mástil gracias a esa brisilla canalizada por unos pequeños orificios. Simple e ingenioso. ¡Un aplauso!

Y por último, la traca final. En lo literal y lo figurativo. Si, como se ha venido diciendo, la contaminación en la gran ciudad había disminuido, todos los esfuerzos habrán sido en vano tras la humeante polvareda desplegada en el cielo pekinés con esa impresionante exhibición pirotécnica. ¡Ánimo a los que estáis por allá!


PD: Lo del taxista, para otro día.

jueves, 31 de julio de 2008

It's a small world after all

El otro día, viendo un documental, descubrí como en lugares recónditos del Tíbet cocinan la carne metiéndola en el estómago limpio de una oveja junto con algo de condimento y unas piedras candentes hasta que está completamente cocida. ¡Impresionante la astucia del ser humano ante la falta de recursos! No solo me pareció precioso por lo simple y práctico del asunto, sino que además… ¡vaya pinta la carne en cuestión! Poco importó que fuera mi hora del desayuno para que las imágenes despertaran en mí unas ganas locas de comer carne a la brasa.

Hoy, en mi paseo por blogs y demás para dar con pistas interesantes sobre Escocia, descubro el “haggis”, uno de los platos más típicos de la cocina de ese país y cuyo “recipiente básico” es ni más ni menos que un estómago de oveja. Parece ser que en el fondo sí que existe esa lógica compartida entre oriente y occidente.

¡Tan lejos, y a la vez, tan cerca!

Ahora bien… Como ocurre con casi todos los increíbles descubrimientos de la humanidad, estoy segura de que los romanos ya sabían del asunto, aunque dejaré las investigaciones al respecto para otro momento. ^^

martes, 10 de junio de 2008

Nubecillas "puni puni"

Hoy me he quedado dormida. ¡Maaaaala señal! No por la inevitable pérdida de tiempo de trabajo, que al fin y al cabo es recuperable; sino porque eso significaba que sería un día nublado.
Ah, ¿que no encontráis la relación de una cosa con la otra? Bueno, pues siento deciros que hoy os quedaréis con la duda; pero en cuando tenga un documento gráfico explicativo lo entenderéis todo.

Ni que decir tiene, que no me he equivocado. Nubarrones se ciernen hoy sobre nuestras cabezas, dejando a su paso lluvia y malas caras. Eso sí, yo rompo una lanza en su favor, porque en el momento en el que desaparezcan para dar paso definitivo al verano puro y duro, será difícil continuar en cautividad. Así que, sintiéndolo mucho por el resto de los mortales, ¡que siga así!


miércoles, 4 de junio de 2008

Lotus Lantern Festival Revival

… semanas sin escribir, y de repente, ¡dos días seguidos!

Y es que nunca sabe una cuándo van a volver recuerdos del pasado a arrancarle una sonrisilla.

Sorpresa vía mail -¡gracias, Laruri!- y encuentro en la web.

Con todos ustedes, servidora con cara de sueño -y concentración, por supuesto-, en pleno proceso de fabricación del farolillo del que ya os hablé en su momento.
Y en la foto del centro, ¡error!: parece el amiguete, compañero de andanzas seulitas y vecino preferido con cara de pocos amigos pero... ¡no lo es!, jeje. (¿mejor así?)



Para todos aquellos que perdieron la fe con el resurgir del fotomontaje, página original.

miércoles, 23 de abril de 2008

Happy día del book!

¿Podré, un día no tan lejano, afirmar que hablo a la perfección al menos tres idiomas? Quizá es para llevarse las manos a la cabeza, pero pensándolo bien, ¿no podría el español haberse conocido al principio de su andadura como grietín o latriego?

Y tanta reflexión, ¿a cuento de qué? ­-os preguntaréis-. Pues resulta que, por increíble que parezca, hoy me he topado con la traducción al espanglish del Quijote. Si bien puede parecer una aberración, una tontería o un sinsentido, al menos a mí me ha proporcionado unas buenas risas, así que lo comparto con todos vosotros. ¡Atención a lo que viene!

In un placete de la Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase.

El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear. La gente say que su apellido was Quijada or Quesada but acordando with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa nada de las verdá".

In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo, en un suit de armadura.

El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre aporopiado pa'l caballo: porque -so se dijo to himself- viendo que era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there was no razón que no tuviera un nombre de equal renombre.
…; y thus, pensó muchos nombre en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de "Rocinante", un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra cosa que el first y feromost de los caballos del mundo.
Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa' su caballo, decidió to do the same pa' himself. Esto requirió otra semana. Pa'l final de ese periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote, which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d'este trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would have it.

Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.

Como dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus pensamientos. Wisheó pa' ella un nombre tan good como his own y que conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa d'ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros que seleccionó pa' himself y sus things.


Para ser equitativos, yo misma me arrancaría con Hamlet o Romeo y Julieta, pero mejor dejar tan ardua tarea en manos de Ilan Stavans
, el quijotesco personaje que a estas alturas debe de tener a Cervantes retorciéndose en su tumba.


sábado, 12 de abril de 2008

Minimizando la pérdida de tiempo

Los efectos de la formación del nuevo gobierno no se han hecho esperar. Recién terminado el Telediario del mediodía soy completamente consciente de ello. Tan centrados han estado todos en cubrir “la noticia” que se han olvidado del resto. La solución habitual para llegar a los deportes cubriendo contenidos variados es bien sencillo: una de economía a pie de calle, sin escatimar en interesantísimas entrevistas a seis de los veinte tenderos del mercado y a alguno de sus clientes habituales; otra de violencia de género y, por último, la siempre recurrente DGT amenizándonos la comida con estadísticas y números varios y… Voilà! Ya tenemos el patrón básico de un telediario. Sin embargo, y gracias a la inagotable fuente de recursos que parece ser Internet, ha aparecido un nuevo género de noticias: “rarezas varias con las que nuestro reportero acaba de topar”. Y es gracias a esa novedad, cortesía de A3 noticias, que quizá de hoy en adelante pueda mantener mi blog un poquito más actualizado. Eso o lo que se me ocurra, ¡vaya! Porque a partir de ahora solo voy a tardar dos segundos en doblar una camiseta. Para quienes duden de mi palabra, allá va, pero ya saben: Si parpadean se lo van a perder.

lunes, 31 de marzo de 2008

Escapada reveladora

Quizá sea yo la que pasa por encima de las cosas sin pararse demasiado a pensar en ellas, pero sinceramente, ¿alguno de vosotros, zaragozanos, había pensado alguna vez que el nombre de Ranillas podía provenir de ranas? Si fuera el meandro de ranicas… ¡Pues aún! Pero Ranillas… ¡Vaya sorpresa!

Ni más ni menos que un inglés ha tenido que hablar para que yo me enterara de ello. Y sin embargo, por lo que he podido comprobar, seguro que a otros ya les había llegado la noticia.
Tere, Esperanza, Luis, Juan: ¿echasteis a suertes la aparición como extras en el vídeo?
Segunda pregunta: ¿Cómo puede ser que pasara un equipo de rodaje por la Miguería y por Tabernillas y no coincidieran conmigo? ¿Irían entre semana? … misterios de la vida.
Tercera pregunta: ¿alguien toma churros en un brunch? ¡No hombre, no! Primero viene el desayuno y después el aperitivo; justo, justo para llegar a la comida con algo de hambre todavía. Y si me apuras, aún se puede meter cual cuña un cafecito con leche entre medio; pero perderse una cosa por la otra ¡jamás!

Y si el reportaje termina con Delicias será por las gratas sorpresas que le haya podido proporcionar la escapada; que si tiene que ser por la estación en sí… ¡Vamos buenos!
De todas maneras, siempre se disfruta escuchando al foráneo ensalzar algo querido, así que… ¡Gracias por estos minutillos!

Video entero en la página del Independent:

http://www.independent.co.uk/extras/sound-and-vision/?vid=795513