
El tiempo va pasando y un día cualquiera, después de comer con la yaya en “La Torreta”, te das cuenta de que se te han hecho las tantas.
Podría considerarse parte del anecdotario farmacéutico de Cariñena; pero yo prefiero que lo consideréis una cariñosa disculpa a mi dejadez en el blog. ¡Intentaré dejar rastro de mis andanzas con mayor asiduidad!
