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miércoles, 6 de mayo de 2009

Sobre libros, apetitos y descubrimientos

No recordaba haber leído Biografía del hambre. Recuerdo que lo compró papá y que, por su cara al pasármelo, no debió acabar de gustarle. Cuando hoy he ido a colocar Ni de Eva ni de Adán en la estantería, ahí estaba, entre Estupor y temblores y El sabotaje amoroso, esperando a que le echara una hojeada. Abro la tapa y, pese a no venirme todavía a la mente de qué trataba, tengo la certeza de que lo he leído, porque ese libro ha estado en Corea. Un libro viajado, como su autora.

Me delata un papelillo que me trae muchos recuerdos y que reza así: Ueonja kimbap, 1000 won; yajae kimbap, 1500won; chiji kimbap (entiéndase por ello “cheese” kimbap, por cierto), 2000 won; kimchi kimbap, 2000 won; chamchi kimbap (el campeón indiscutible), 2000 won… y así, pasando por sopas, arroces y demás delicias gastronómicas, termina con las empanadillas de carne, 2000 won. Mmmmm… Y es que, al poco de llegar a Seúl, y ya saturados de kimbaps de atún, carne rebozada y empanadillas fritas o al vapor, Joan y yo decidimos que lo más sabio para nuestra supervivencia sería ir probando uno por uno todos los platos del menú del Kimbap Nara. En estos momentos no me cabe duda de por qué jamás lo llevamos a cabo: Amélie Nothomb, con su apetito absoluto, engulló mi lista y truncó nuestro grandioso plan. Debía de andar yo también con tal hambre de descubrimientos por aquella época, que aún hoy me sugiere más una lista de comida que un magnífico libro. ¡Considérese la revancha por haberme privado de ella!

jueves, 31 de julio de 2008

It's a small world after all

El otro día, viendo un documental, descubrí como en lugares recónditos del Tíbet cocinan la carne metiéndola en el estómago limpio de una oveja junto con algo de condimento y unas piedras candentes hasta que está completamente cocida. ¡Impresionante la astucia del ser humano ante la falta de recursos! No solo me pareció precioso por lo simple y práctico del asunto, sino que además… ¡vaya pinta la carne en cuestión! Poco importó que fuera mi hora del desayuno para que las imágenes despertaran en mí unas ganas locas de comer carne a la brasa.

Hoy, en mi paseo por blogs y demás para dar con pistas interesantes sobre Escocia, descubro el “haggis”, uno de los platos más típicos de la cocina de ese país y cuyo “recipiente básico” es ni más ni menos que un estómago de oveja. Parece ser que en el fondo sí que existe esa lógica compartida entre oriente y occidente.

¡Tan lejos, y a la vez, tan cerca!

Ahora bien… Como ocurre con casi todos los increíbles descubrimientos de la humanidad, estoy segura de que los romanos ya sabían del asunto, aunque dejaré las investigaciones al respecto para otro momento. ^^