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lunes, 19 de abril de 2010

El cielo sobre Pekín

El Diario de Anna Frank... Estambul, de Orhan Pamuk... The natural economist...
Sin que nada lo hiciera presagiar, este último se unió al trágico destino de los primeros y entró a formar parte de mi lista negra, cuando lo dejé olvidado en el avión que me llevó a Palma de Mallorca el pasado verano.
Hoy me encuentro en la tesitura de continuar con The Road, de Cormac McCarthy, o grabarlo a fuego al final de mi oscura lista. Los sondeos lo sitúan con un dos a uno a favor, siendo esa una la que suscribe.
A decir verdad, no creo ser yo la que esté en contra del libro, sino el cielo el que está en contra de nosotros dos. Ese cielo que durante los últimos tres días ha difuminado la línea entre realidad y ficción. Ese cielo gris que, a mi salida del metro, me ha obligado a levantar la vista para asegurarme de que había emergido del subsuelo. Ese cielo gris que, con su frialdad inesperada y sus anocheceres tempranos, nos ha hecho regresar a los días inhóspitos de invierno. Ese cielo al alcance de la mano que, en días como hoy, nos priva de perspectiva y oculta el horizonte. Ese cielo que, en cuanto nos abandone, será el detonante de una explosión de felicidad.
Y llegados a la página cien, digo yo que quizá debería seguir el ejemplo de los protagonistas, retomar el camino, y darle una segunda oportunidad al libro, ¿no? Quizá lo haga.

lunes, 20 de julio de 2009

Querido profesor...

He de confesarlo. Fue un “bonus track” de los Backstreet Boys lo que me hizo saltar de alegría en su momento, y no aquel libro tan grueso de aspecto inabarcable y casi decadente.

Angela’s Ashes no llamaría mi atención hasta unos meses después, y ni siquiera lo haría en su versión original. Aquel libro que llegó con papá de su viaje a Inglaterra en el 98, y que quedó eclipsado por mis ídolos del momento, siguió relegado al olvido en torno a la página 271, donde al parecer claudicó Ana tras su heroico intento de abordaje. Fueron unas anginas, en su empeño fugaz en librarme del cole, las que propiciaron mi reencuentro con esa memorable biografía. El extremo izquierdo del sofá, que por aquel entonces ya nada tenía que envidiar al derecho, dado que revelaba a la perfección mi silueta a través de sus deformidades, fue testigo de las primeras lágrimas que solté en reacción a unas palabras plasmadas en papel.

A esa inolvidable primera declaración de intenciones siguieron ‘Tis, un encuentro totalmente casual en el mercadillo de Sarriá, y Teacher Man, al que fui a esperar a la librería el mismo día de su publicación.

Autocompasivo o no, estandarte del sueño americano o no, autor de bestsellers o no, mi única realidad es que sus palabras cargadas de intencionalidad, ingenio, humor, ironía y escepticismo lograron cautivarme a lo largo de cientos de páginas. Valga como ejemplo de ironía, el que un libro que narra su más absoluta miseria catapultase al autor a la fama y la holgura económica.

Capítulo 17 de Teacher Man, última línea: “Someone calls, Hey, Mr. Mc Court, you should write a book.”
Capítulo 18: “I’ll try.”

Querido “someone”: ¡gracias por aquel comentario decisivo!
Querido profesor Mc Court: ¡gracias por esas tres lecciones magistrales de narración y escritura!

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sobre libros, apetitos y descubrimientos

No recordaba haber leído Biografía del hambre. Recuerdo que lo compró papá y que, por su cara al pasármelo, no debió acabar de gustarle. Cuando hoy he ido a colocar Ni de Eva ni de Adán en la estantería, ahí estaba, entre Estupor y temblores y El sabotaje amoroso, esperando a que le echara una hojeada. Abro la tapa y, pese a no venirme todavía a la mente de qué trataba, tengo la certeza de que lo he leído, porque ese libro ha estado en Corea. Un libro viajado, como su autora.

Me delata un papelillo que me trae muchos recuerdos y que reza así: Ueonja kimbap, 1000 won; yajae kimbap, 1500won; chiji kimbap (entiéndase por ello “cheese” kimbap, por cierto), 2000 won; kimchi kimbap, 2000 won; chamchi kimbap (el campeón indiscutible), 2000 won… y así, pasando por sopas, arroces y demás delicias gastronómicas, termina con las empanadillas de carne, 2000 won. Mmmmm… Y es que, al poco de llegar a Seúl, y ya saturados de kimbaps de atún, carne rebozada y empanadillas fritas o al vapor, Joan y yo decidimos que lo más sabio para nuestra supervivencia sería ir probando uno por uno todos los platos del menú del Kimbap Nara. En estos momentos no me cabe duda de por qué jamás lo llevamos a cabo: Amélie Nothomb, con su apetito absoluto, engulló mi lista y truncó nuestro grandioso plan. Debía de andar yo también con tal hambre de descubrimientos por aquella época, que aún hoy me sugiere más una lista de comida que un magnífico libro. ¡Considérese la revancha por haberme privado de ella!

miércoles, 14 de enero de 2009

El Londres esencial o la esencia de Londres

Algo que parece no dejar indiferente a nadie estos días y que por mi parte resulta difícil de responder es “¿Qué es lo que más te ha gustado de Londres?”. Ante una primera actitud de desconcierto, seguida de un breve periodo de reflexión, otro de desordenada interrogación y demasiado rato de introspección, parece ser que cada vez estoy más cerca de la respuesta. Claro que una cosa es que yo haya encontrado la respuesta que considero más acertada y otra muy diferente es la validez que le puedan otorgar a la misma los formuladores de la pregunta en cuestión.

Una ciudad que en 1863 acuñó sin pretenderlo la palabra "Metro" -de Metropolitan Railways- y que aún hoy en día se encuentra a la cabeza del transporte subterráneo en cuanto a la longitud de las líneas se refiere; que en 1908, al tiempo que Hyde Park vivía una concentración a favor del voto femenino, veía nacer el aún hoy vigente logotipo de su famoso “Underground” y sentaba un precedente inigualable en la historia del diseño gráfico con la aparición del primer plano de metro en forma de diagrama lineal; una ciudad que ha tenido el poder de inspirar la aparición de personajes tan dispares como Oliver Twist, Peter Pan, Sherlock Holmes, Henry Higgins, el Profesor Emelius Browne o el mismísimo Phileas Fogg -más conocido para los españoles de los 80 como Willy Fogg-; y que al tiempo que conseguía todo esto ha sido capaz, no sólo de evolucionar, sino de liderar a otros al tiempo que mantenía su esencia… Una ciudad así merece como mínimo que me descubra ante ella.

Y saber que los callejones por los que deambuló James Cook antes de embarcarse hacia las entonces desconocidas islas de Hawai son los mismas que me llevan a mí a la orilla del Támesis; que los edificios que me rodean y que despiertan mis sentidos ya ejercieron su influencia sobre Dickens; y que el Harrod’s por el que paseo ya ocupaba su actual lugar cuando Arthur Conan Doyle creó a su famoso detective… La continua percepción de la historia en una ciudad de vanguardia… ¡Sin duda, eso es lo que me ha cautivado de Londres!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Momentos mágicos

Hubo un tiempo en el que mi mundo harrypotteriano quería por momentos hacerse más real que el de verdad. También hubo un momento en el que creí estar dando carpetazo a ese universo alternativo al apurar las últimas palabras de una nueva pero definitiva despedida en King's Cross. Y es que esos siete cursos en Hogwarts estuvieron plagados de lugares sorprendentes, criaturas desconcertantes, momentos mágicos, personajes complejos y artilugios anteriormente desconocidos, que hicieron de ese mundo de letras un pozo sin fondo de conocimiento. Y aunque en su momento, quizá por ser muggle, no fui del todo consciente de ello, poco a poco voy dándome cuenta de los muchos conceptos sin nombre que campaban a sus anchas entre nosotros.

Sin ir más lejos, me remito a mi primera entrada en el blog, Titina's Pensieve -El pensadero de Titina-, que habría carecido de un título lo suficientemente apropiado de no ser por esa nueva palabra salida de la pluma de J.K. Rowling. Pero no acaban ahí las definiciones mágicas, no. He de confesar que, tras años de posesión del mismo, acabo de reconocerme poseedora de un portkey. Para los que consiguieran resistir la presión mediática que llevó a medio mundo adulto a revivir su infancia más fantástica, un portkey -traslador, en español- es un objeto que traslada a quien lo toca a un lugar determinado, provocando una fuerte sensación de propulsión en el ombligo en el momento de ser activado. Por lo general, se trata de piezas de deshecho u objetos de uso común para evitar ser desenmascarados a la primera de cambio por personas no deseadas. Tras esta breve explicación volveré a lo que me concernía.

Sssshhhhhh... No se lo digáis a nadie, pero resulta que mi tabla de snowboard es un portkey. Puede permanecer inalterado durante meses, puede toquetearse, subir y bajar de coches y aviones las veces que se quiera, pero en el momento en el que mis botas de color de los zapatos de Dorothy hacen contacto con ella, y mi peso se deja caer sobre la misma... ¡Chaaaaasss! ¡Me traslado a otro mundo! Un lugar en el que, paradójicamente, no hay tiempo ni lugar, ni prisas, ni pausa, ni preocupaciones, ni aglomeraciones… Solo estoy yo y el aire que me sopla en la cara. ¡Y me gusta!


miércoles, 23 de abril de 2008

Happy día del book!

¿Podré, un día no tan lejano, afirmar que hablo a la perfección al menos tres idiomas? Quizá es para llevarse las manos a la cabeza, pero pensándolo bien, ¿no podría el español haberse conocido al principio de su andadura como grietín o latriego?

Y tanta reflexión, ¿a cuento de qué? ­-os preguntaréis-. Pues resulta que, por increíble que parezca, hoy me he topado con la traducción al espanglish del Quijote. Si bien puede parecer una aberración, una tontería o un sinsentido, al menos a mí me ha proporcionado unas buenas risas, así que lo comparto con todos vosotros. ¡Atención a lo que viene!

In un placete de la Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase.

El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear. La gente say que su apellido was Quijada or Quesada but acordando with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa nada de las verdá".

In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo, en un suit de armadura.

El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre aporopiado pa'l caballo: porque -so se dijo to himself- viendo que era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there was no razón que no tuviera un nombre de equal renombre.
…; y thus, pensó muchos nombre en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de "Rocinante", un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra cosa que el first y feromost de los caballos del mundo.
Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa' su caballo, decidió to do the same pa' himself. Esto requirió otra semana. Pa'l final de ese periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote, which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d'este trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would have it.

Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.

Como dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus pensamientos. Wisheó pa' ella un nombre tan good como his own y que conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa d'ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros que seleccionó pa' himself y sus things.


Para ser equitativos, yo misma me arrancaría con Hamlet o Romeo y Julieta, pero mejor dejar tan ardua tarea en manos de Ilan Stavans
, el quijotesco personaje que a estas alturas debe de tener a Cervantes retorciéndose en su tumba.