martes, 22 de septiembre de 2009

Flamenquillo fusión

Dos amigas y un agente inmobiliario se encuentran hablando en el rellano frente al ascensor de una casa. Al unísono y sin mediar palabra entre ellos, los tres golpean el suelo con sus respectivos pies, cual si del inicio de un zapateado se tratara.

Opción A: Se trata de una señal de enfado en plena discusión por los precios del alquiler.
Opción B: Están echando a suertes quién baja por las escaleras y quién por el ascensor.
Opción C: Ninguna de las anteriores.

Efectivamente, para los menos avispados, ninguna de las anteriores es la opción correcta.

En China, o mejor dicho, en Pekín, ya que no tengo certeza de que esta broma de mal gusto haya sido extendida por todo el territorio, no se estilan los sensores de movimiento para el encendido automático de luces. En su lugar existen ¡sensores de sonido! ¡Sí señor! El golpe de la puerta de entrada al portal al cerrarse te evita el primer zapatazo, pero no hay elemento natural o sobrenatural que evite los subsiguientes en la subida por las escaleras. Cada rellano requiere un nuevo pisotón. Algunos, incluso varios, ya que parece que no siempre están finos de oído los sensores en cuestión. Cada llegada en la noche a casa se convierte así en una nueva melodía, variando tiempos y tonos según la complexión del intérprete, su conocimiento de la escalera, y el piso al que se dirija.

Sin duda, en cuanto pertenezca definitivamente a una comunidad, propondré a mis vecinos el ir apuntando en partituras las interpretaciones individuales de cada noche, y ponerlas en común cada cierto tiempo para interpretar los zapateaos del portal 4. Ya me estoy imaginando el tablao flamenco en medio del xiaoqu con el evento anunciado a los cuatro vientos: ¡concurso anual de zapateaos! Estoy segura de que con la suficiente práctica, nos haríamos con el triunfo a nivel del distrito de Dongcheng, o del que fuera.

viernes, 21 de agosto de 2009

Pasados por agua

Llueva o no llueva, las aceras de Shanghai siempre están mojadas. Quizá sea por eso por lo que coches, bicis, triciclos, motos, peatones y puestos de comida, entre otros, conviven en las abarrotadas y caóticas calzadas; pero este es un tema aparte sobre el que escribir. La lluvia, unida a ese implacable calor húmedo que no cesa en su empeño, es un factor a tener en cuenta, por supuesto; pero hay muchos más.

Según se avanza por la calle, caen cuatro gotas del cielo. Dos pasos más allá, nada. Tres pasos más adelante vuelve el goteo intermitente. Y es entonces cuando uno descubre el apasionante universo acuático de la ciudad. Aires acondicionados y tendedores se adueñan de las fachadas de las casas, enriqueciendo la arquitectura de las mismas con una improvisada capa, y refrescando al despistado viandante que hasta el momento andaba ocupado en evitar los charcos. Pero ocurre a veces que no es un tímido goteo, sino cataratas monumentales, lo que se derrama a la vía pública. Y es que a los aires acondicionados tampoco les va mal una limpieza de tanto en tanto; y qué mejor para ese menester que un riego a manguerazo limpio cual si de un jardín se tratara.

Nanjing Road, calle comercial de la ciudad e imán de turistas de la más diversa procedencia, es caso aparte; ya que cambia por completo según la franja horaria. Y sólo es pasada la medianoche cuando aparecen géiseres en ella. Géiseres que no sólo limpian el pavimento de la misma, sino farolas, kioscos, mobiliario urbano, y todo lo que pillen a su paso.

Por último, y aunque no sean aguas de las alturas, sería imperdonable dejar en el tintero alguna otra de las fuentes más comunes de goteo, como las bocas de riego o incendios. ¿He dicho más comunes? Podría malinterpretarse, y deducirse por ello que sus principales usos son el riego y la extinción de incendios, pero nada más lejos de la realidad. Situadas convenientemente en las esquinas de las calles, dan servicio al vecindario, utilizándose al caer el sol como ducha refrescante a discreción. Más o menos, la misma discreción con la que dan uso a las mismas, poblándose los cruces de calles de personajes en ropa interior; y añadiendo, si cabe, más complejidad a los mismos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

SPU-ZAG-FRA-DXB... PVG

Noche cerrada. Se abre el telón. De Trojir al aeropuerto de Split se llega en un abrir y cerrar de ojos. Tan rápido que al sol ni le da tiempo a salir, aunque tampoco se retrasa demasiado; que según hemos podido comprobar, es bien tempranero en Croacia. De Split a Zagreb apenas da tiempo de echar una cabezadita; y en estas me encuentro en Frankfurt.

Terminal 1. Me paseo. Me siento. Me reclino. Leo. Paso el rato observando a la gente. Por fin aparece mi vuelo en pantalla. Cambio de ubicación.

Terminal 2. Mostradores de Emirates. La larguísima fila que se extiende ante mí pies es más que disuasoria; mucho mejor un Happy Meal con vistas a la pista de aterrizaje. Media hora de comida, traguico de agua, vuelvo a la fila y observo. Mujeres. Muchas mujeres con muchos niños y muchos velos. Muchos menos hombres. Donde fueres haz lo que vieres. Y así es como mi pañuelo viajero acaba enrollado a mi cuello tapando el “escote”.

Siempre me ha llamado la atención la necesidad de algunas familias de estirpe multitudinaria de ser acompañados a la puerta de embarque por personal del aeropuerto. Ya en el finger observo atentamente a la mujer que precede mis pasos. Velo negro de pies a cabeza, paso dubitativo y orientación al tacto con su mano derecha, que arrastra a lo largo de la pared en busca de apoyo ante la reducida visión que deja su atuendo.

35K. Ventanilla hacia la derecha. Tapizado de butacas y estampado de paredes de gusto diferente al mío –dejémoslo así-. Me sentiría en el cuarto de estar de alguna entrañable ancianita de no ser por la pantalla que tengo frente a mis ojos, que me da la bienvenida a bordo. Cámara de visión trasera del avión; Start i, c, e; o acceso directo a películas y TV. Difícil elección. Ajusto el reposacabezas. Toallita caliente y aún con los pies en la tierra. ¡Que empiece el espectáculo!


Paisaje campestre cubierto de nubes intermitentes. Comida. Película. Me vence el sueño según nos vamos alejando del sol. Ya nos hemos adentrado en el mar Negro, pero a lo que abro los ojos, estamos sobrevolando el Golfo Pérsico. El techo del pasillo es un cielo estrellado. Atrás han quedado Estambul, Teherán, Kuwait, Doha y Barhain entre otros, y ya enfilamos Dubai. De la oscuridad más absoluta emerge una extesión inabarcable de luces dejando entrever las formas más extrañas, y despertando en mí una curiosidad difícilmente imaginable por lo que se extiende a mis pies.

DXB. Aeropuerto de Dubai. Ostentación es la palabra que más se adecúa a lo que tengo ante mis ojos. “Entro en el país” para echar un vistazo fuera del aeropuerto. ¡Plas! Una bofetada de calor corta mi respiración y abrasa mi ropa, que transmite esa infernal sensación al resto de mi cuerpo. 00:00. Estimo que unos 45º. No pueden ser menos. Entro de nuevo en el paraíso de la temperatura artificial y me congelo. Paseo. Encuentro una conexión para el ordenador y pongo al día algunos asuntos. Escribo. Publico.

Apago el ordenador para dirigirme a la puerta de embarque. Siguiente parada, Shanghai.

Corto a negro.

lunes, 20 de julio de 2009

Querido profesor...

He de confesarlo. Fue un “bonus track” de los Backstreet Boys lo que me hizo saltar de alegría en su momento, y no aquel libro tan grueso de aspecto inabarcable y casi decadente.

Angela’s Ashes no llamaría mi atención hasta unos meses después, y ni siquiera lo haría en su versión original. Aquel libro que llegó con papá de su viaje a Inglaterra en el 98, y que quedó eclipsado por mis ídolos del momento, siguió relegado al olvido en torno a la página 271, donde al parecer claudicó Ana tras su heroico intento de abordaje. Fueron unas anginas, en su empeño fugaz en librarme del cole, las que propiciaron mi reencuentro con esa memorable biografía. El extremo izquierdo del sofá, que por aquel entonces ya nada tenía que envidiar al derecho, dado que revelaba a la perfección mi silueta a través de sus deformidades, fue testigo de las primeras lágrimas que solté en reacción a unas palabras plasmadas en papel.

A esa inolvidable primera declaración de intenciones siguieron ‘Tis, un encuentro totalmente casual en el mercadillo de Sarriá, y Teacher Man, al que fui a esperar a la librería el mismo día de su publicación.

Autocompasivo o no, estandarte del sueño americano o no, autor de bestsellers o no, mi única realidad es que sus palabras cargadas de intencionalidad, ingenio, humor, ironía y escepticismo lograron cautivarme a lo largo de cientos de páginas. Valga como ejemplo de ironía, el que un libro que narra su más absoluta miseria catapultase al autor a la fama y la holgura económica.

Capítulo 17 de Teacher Man, última línea: “Someone calls, Hey, Mr. Mc Court, you should write a book.”
Capítulo 18: “I’ll try.”

Querido “someone”: ¡gracias por aquel comentario decisivo!
Querido profesor Mc Court: ¡gracias por esas tres lecciones magistrales de narración y escritura!

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sobre libros, apetitos y descubrimientos

No recordaba haber leído Biografía del hambre. Recuerdo que lo compró papá y que, por su cara al pasármelo, no debió acabar de gustarle. Cuando hoy he ido a colocar Ni de Eva ni de Adán en la estantería, ahí estaba, entre Estupor y temblores y El sabotaje amoroso, esperando a que le echara una hojeada. Abro la tapa y, pese a no venirme todavía a la mente de qué trataba, tengo la certeza de que lo he leído, porque ese libro ha estado en Corea. Un libro viajado, como su autora.

Me delata un papelillo que me trae muchos recuerdos y que reza así: Ueonja kimbap, 1000 won; yajae kimbap, 1500won; chiji kimbap (entiéndase por ello “cheese” kimbap, por cierto), 2000 won; kimchi kimbap, 2000 won; chamchi kimbap (el campeón indiscutible), 2000 won… y así, pasando por sopas, arroces y demás delicias gastronómicas, termina con las empanadillas de carne, 2000 won. Mmmmm… Y es que, al poco de llegar a Seúl, y ya saturados de kimbaps de atún, carne rebozada y empanadillas fritas o al vapor, Joan y yo decidimos que lo más sabio para nuestra supervivencia sería ir probando uno por uno todos los platos del menú del Kimbap Nara. En estos momentos no me cabe duda de por qué jamás lo llevamos a cabo: Amélie Nothomb, con su apetito absoluto, engulló mi lista y truncó nuestro grandioso plan. Debía de andar yo también con tal hambre de descubrimientos por aquella época, que aún hoy me sugiere más una lista de comida que un magnífico libro. ¡Considérese la revancha por haberme privado de ella!

jueves, 2 de abril de 2009

Orbis Non Sufficit

El mundo nunca es suficiente. Así lo declaraba James Bond estando al servicio de su majestad. Pero… ¿y cuando el servicio es al público general? ¿Que no es suficiente? ¡Pues que se lo digan a google!

Un par de años ha sido el tiempo necesario para poner Seúl al día; y cuando por fin logran actualizarlo… ¡Pues sigue desactualizado! Hoy son los del oeste los relegados por la tecnología. Aunque bien mirado… ¿sólo los del oeste?

¡No! Porque ahora que las aguas del Cheonggyecheon fluyen ininterrumpidamente de principio a fin, son otras muchas las sorpresas que depara la observación. Y puedo decir que la mayoría de estas imágenes anacrónicas me hace sonreír.

Lo primero, una perspectiva similar a la de un tiempo atrás en la que parece que el cielo se cierna sobre las cabezas de algunos.



A continuación, empezando por la zona a años luz de estar al día… Namdaemun, que sale increíblemente favorecida, dadas las circunstancias que la redujeron a cenizas hace ahora más de un año.


Y desde Namdaemun hacia el norte llegamos al ayuntamiento tal cual lo conocí yo, que hasta donde tengo conocimiento, difiere en cierto modo de su estado actual. Propongo jugar a encontrar “los ocho errores” en las siguientes dos imágenes; correspondientes a Agosto de 2008 y a hace solo unas semanas. Increíble pero cierto. ¿No era considerado patrimonio?



Pero no nos detengamos aquí, y siguiendo las aguas de nuestro querido riachuelo, pasemos sin más dilación a la recién actualizada ciudad de Seúl. ¡Qué mejor lugar por el que pasear que mi adorado Dongdaemun! Locura reencarnada en mercadillo ambulante, en torno a un par de históricos estadios del periodo colonial japonés venidos a menos, a los que ya hace casi un año hincaron el diente los bulldozers. Sólo ella podía resurgir como el ave fénix para mostrar en sus entrañas los restos de Igansumun, la puerta que durante algún tiempo controló el paso de las aguas desde Namdaemun hacia el Cheonggyecheon.


(Más imágenes, aquí.)

Por último, camino de la universidad, os conduciría a las que fueron mis casitas; pero como relevancia en la ciudad tienen poca o nada, acabaremos nuestro tour en los alrededores del mercado de Jungang. Ya hace ahora dos años, la manzana de la que forma parte estaba siendo demolida casi por completo. Se trataba de una mínima intervención de reorganización, teniendo en cuenta que el plan preveía afectar a toda la zona hasta Wangsimni; y pese a su escaso impacto global, aquello era la ciudad fantasma. ¡Pues ni a la etapa del andamiaje llegaron los pobres fotógrafos de google earth!




Terminar para nunca llegar a tiempo... ¡Vaya trabajazo tan desagradecido!

jueves, 26 de marzo de 2009

Coche 4 Plaza 5D

"Senyors viatgers, benvinguts. Aquest tren amb destinació Madrid-Chamartín s’aturarà a les estacions que anunciarem amb antelació. Durant el viatge trobaràn a la seva disposició els serveis de cafeteria i telèfon públic. Als seients podràn connectar els auriculars per a l’audició de música i vídeo. Si us plau, els preguem que redueixin el volum dels seus telèfons mòbils. Grandes Líneas Renfe els desitja un agradable viatge i confiem poder atendre’ls de nou a bord en Talgo."

La anterior parrafada fue la primera –y creo que la última- retahíla de palabras que me aprendí de memoria en catalán a fuerza de idas y venidas entre Barcelona y Zaragoza.

Unos cuantos viajes después han cambiado las palabras, los vagones, los pasajeros e incluso el trayecto, pero el paisaje permanece inalterado. De los intensos verdes grisáceos de fondo en los montes de Tarragona a los Monegros, pasando por la huerta de Lérida y Fraga lo único constante es el azul del cielo.






* Mi cabeza ha calculado que hoy era día 26, pero observo que mi mano ha decidido plasmar un 29 porque sí.